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2.3
Toxicodinámica
En
el medio ambiente la biota está rodeada permanentemente de una gran
cantidad de substancias con las cuales interacciona en todas sus
actividades vitales. Aunque todos los compuestos con los que está
en contacto, incluyendo el agua, pueden ser tóxicos en determinadas
dosis, es evidente que un gran número de especies han tolerado esta
situación.
Para
que un tóxico ambiental cause un daño, en primer lugar se debe estar
expuesto a él y en segundo lugar el tóxico tiene que vencer las
defensas del organismo que tratan de impedirle que llegue al tejido
blanco en forma activa. Las defensas consisten fundamentalmente
en mecanismos que restringen la movilidad y disminuyen el período
de exposición del tejido blanco. Esto lo puede hacer el organismo
poniendo barreras a su desplazamiento hacia determinados tejidos,
disminuyendo su difusibilidad a través de las membranas celulares
y/o facilitando su excreción.
El efecto
producido por una dosis, depende de la cantidad de tóxico que llegue
en estado activo al sitio de acción y del tiempo que se le permita
actuar allí.
El proceso
de transporte y transformaciones que experimenta el tóxico desde
la superficie epitelial de contacto hasta llegar a los órganos en
los que se almacenan y en los que causa lesiones es muy complejo.
Por conveniencia, para facilitar su estudio se considera que consta
de cuatro pasos: Absorción, Distribución, Metabolismo
y Excreción. El proceso se conoce por sus siglas ADME (Figura
2.3).

Figura 2.3. ADME Las rutas que sigue un tóxico en el organismo
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