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Daño celular
Existen
muchos blancos celulares para el daño, pero generalmente, estos
mecanismos convergen y producen una respuesta celular común. La
muerte celular seguirá mecanismos similares independientemente de
que la causa del daño sea de naturaleza química, física o biológica.
El
conocimiento de las manifestaciones de daño y de los blancos celulares
potenciales permite estimar los efectos adversos potenciales, diseñar
alternativas y sugerir acciones terapéuticas y antagónicas para
bloquear o revertir los efectos dañinos. En esta sección se define
lo que es daño celular y se hace una revisión de los blancos celulares
críticos.
Blancos
celulares.- La célula tiene varios componentes que deben estar
en buen estado para que la célula funcione.
Los
componentes de la célula que en forma selectiva se pueden convertir
en blancos son la membrana plasmática, el citoesqueleto y los lisosomas.
El daño al citoesqueleto a su vez, causará daño a la membrana plasmática.
Los lisosomas contienen enzimas digestivas y su destrucción causará
que estas enzimas se liberen produciendo lesiones graves en el citoplasma.
La
célula necesita tener los siguientes caminos metabólicos en buen
estado: la producción de ATP mitocondrial, el metabolismo de calcio,
la síntesis de proteínas, la regulación del ADN, la glicólisis y
el ciclo del ácido cítrico o ciclo de Krebs. Estos dos últimos proporcionan
los precursores para síntesis de aminoácidos y los equivalentes
reducidos cuya oxidación genera la mayoría de los ATP.
Los
daños a la membrana plasmática, a la producción de ATP mitocondrial
y al control de los niveles de calcio intracelular son rutas comunes
para la destrucción final de la célula y merecen discusión especial.
La
membrana plasmática es utilizada por la célula para mantener los
gradientes iónicos que a su vez regulan el volumen celular. Si se
daña la membrana entran iones sodio y calcio y salen iones potasio.
El agua y los cloruros se redistribuyen de acuerdo al gradiente
electroquímico y hay incremento neto intracelular del agua. El aumento
de agua intracelular es visible al microscopio por el aumento de
tamaño de la célula que se hincha. Si ésto no se corrige la célula
se puede romper. Hay varios mecanismos que pueden inducir estos
cambios, algunos ejemplos son el trauma físico, fluidización de
la membrana, peroxidación de lípidos (tetracloruro de carbono),
daño al citoesqueleto, bloqueo de canales y ataque viral. Independiente
de la agresión tóxica, la membrana plasmática es uno de los componentes
que primero responde al daño y la pérdida de integridad es el punto
final del daño.
En
la mayoría de las células las mitocondrias son responsables de la
síntesis de ATP vía la respiración aeróbica. El ATP es la fuente
de energía más importante de la célula, se utiliza en las reacciones
biosintéticas, y es necesario para la activación de compuestos endógenos
por fosforilación o adenilación, para incorporarse en cofactores,
para la funcionabilidad del citoesqueleto y para operar las bombas
iónicas de la membrana celular.
La
producción de ATP por las mitocondrias requiere de oxígeno para
funcionar, así que una de las rutas para dañar el proceso es la
hipoxia (baja concentración de oxígeno). El principal agente que
priva a la célula de oxígeno es el monóxido de carbono el cual se
liga a la hemoglobina inhibiendo la unión de ésta con el oxígeno.
La anemia (baja concentración de hemoglobina en la sangre) y la
isquemia (bajo flujo arterial o del drenaje venoso), reducen la
capacidad de transporte de oxígeno y pueden contribuir a la deficiencia
de este compuesto a nivel celular.
La producción
de ATP también se puede impedir por:
- agentes que interrumpen la cadena de transportes de electrones
a través de inhibidores de enzimas como la rotenona (inhibe la
NADH-coenzima Q reductasa) y el cianuro (inhibe la citocromo oxidasa)
- por substancias que inhiben o desacoplan la fosforilación oxidativa
tales como el DDT (inhibe la ATP sintetasa) y
- el arsenato (substituye al fósforo y produce intermediarios
de baja energía).
El incremento del nivel de calcio intracelular produce la disociación
de la actina de los microfilamentos en el citoesqueleto y la activación
de fosfolipasas y proteasas. Estos cambios producen fragmentación
del ADN, condensación de la cromatina, ampollado y rompimiento de
membranas y degradación de proteínas.
El control de calcio se puede romper por el incremento del ingreso
o por la salida de este ión de sus depósitos celulares. Los agentes
que inducen la entrada de calcio son metilmercurio que produce poros
y, el tetracloruro de carbono que rompe la membrana. Los agentes
que inhiben la exportación de calcio del citoplasma son inhibidores
de la calcio-ATPasa en la membrana celular o en el retículo endoplásmico.
Algunos ejemplos de ellos son el bromobenceno, diamida, diquat y
ión vanadato.
Los radicales libres son especies químicas altamente reactivas
que tienen un electrón no pareado. Hay tres mecanismos principales
para producir radicales libres en un escenario biomolecular y son:
- toma de un electrón por un xenobiótico (v.g. una reductasa cataliza
la transferencia de un electrón al paraquat),
- pérdida de un electrón (v.g. el fenol y la hidrazina pierden
un electrón en la reacción catalizada por peroxidasas ) y
- fisión homolítica de un enlace inducido por la transferencia
de un electrón a la molécula.
La transferencia del electrón se lleva a cabo por el citocromo
P-450 o por la cadena de transporte de electrones de la mitocondria.
A menudo estos radicales donan un electrón al oxígeno molecular
formando un superóxido (O2-* ), como es en el caso de la activación
del tetracloruro de carbono para dar lugar al radical libre Cl3C*
el cual se combina con oxígeno para formar la especie activa Cl3COO*.
La célula no está indefensa contra estas especies reactivas,
tiene dos líneas principales de defensa para protegerse.
- La primera es la presencia de antioxidantes los cuales
donan o aceptan un electrón para formar intermediarios estables.
Ejemplos de ellos son el alfa-tocoferol, ascorbato y GSH.
- Probablemente de mayor importancia, particularmente en
la destoxificación de radicales oxigenados y del peróxido
de hidrógeno, son los sistemas de enzimas protectoras. Éstas
incluyen la peróxido dismutasa, la cual convierte el superóxido
en peróxido de hidrógeno, la GHS peroxidasa y la catalasa
convierten al peróxido de hidrógeno en agua.
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Si
el radical libre no es inactivado causará daños a la célula y puede
hacerlo vía la unión a un blanco o capturando un hidrógeno del blanco.
Los
radicales libres neutros, como el HO* y el Cl3C*, se pueden unir
covalentemente a biomoléculas y alterar su función, o en el caso
que se unan a ADN el resultado sea una mutación.
Los
radicales libres pueden capturar un hidrógeno de otras moléculas,
convirtiéndolos en radicales libres. La abstracción de hidrógeno
del ADN produce rompimiento o ligaduras cruzadas de las cadenas,
la abstracción por lípidos inicia la peroxidación de estos compuestos.
El
daño por radicales libres está implicado en las lesiones causadas
por agentes químicos, por radiación, inflamación, envejecimiento
y reperfusión/isquemia.
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