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4.3.1.2
Fitorestauración
Consiste en utilizar cultivos de plantas para eliminar tóxicos presentes
en agua y suelo. Se han utilizado para eliminar iones metálicos,
plaguicidas, disolventes, explosivos, derrames de hidrocarburos
(tanto crudos como compuestos poliaromáticos) y lixiviados de basureros
tóxicos.
Las
plantas pueden fijar los tóxicos o bien pueden metabolizarlos tal
como lo hacen los microorganismos en los procesos de biorestauración.
4.3.1.2.1
Fitoextracción
Es
la captación de iones metálicos por las raíces de la planta y su
acumulación en tallos y hojas. Hay plantas que absorben selectivamente
grandes cantidades de metales acumulando en los tejidos concentraciones
mucho más altas que las presentes en el suelo o en el agua. Este
proceso se ha utilizado para eliminar hidrocarburos de agua y suelo
con cultivos alfalfa, álamos, enebro.
En
la zona contaminada se plantan las especies que se seleccionan.
Cuando las plantas crecen se recolectan y se incineran. Las cenizas
se pueden lavar para recuperar los metales o bien, pueden confinarse
en vertederos de tóxicos, con la ventaja de que ocuparán un espacio
mucho menor que el que se usaría si se desechara el suelo contaminado.
4.3.1.2.2
Rizofiltración
Es similar a la fitoextracción, pero en lugar de cultivar las plantas
en el suelo, se cultivan en invernaderos por procesos hidropónicos.
Las plantas se cultivan en tanques con agua contaminada y los tóxicos
quedan fijados en sus raíces. A medida que las raíces se saturan
del tóxico se van cortando y eliminando. Este método se probó satisfactoriamente
para eliminar iones radioactivos en las lagunas contaminadas en
el accidente de la planta nuclear de Chernobyl. Usaron plantas de
girasol.
4.3.1.2.3
Fitodegradación
Es un proceso por medio del cual las plantas degradan compuestos
orgánicos. Los compuestos son absorbidos y metabolizados. Muy frecuentemente
los metabolitos que producen tienen actividad de fitohormonas (aceleran
el crecimiento de las plantas). Se han encontrado plantas que degradan
residuos de explosivos, disolventes clorados como el TCE, herbicidas,
etc.
Las
plantas también favorecen la degradación microbiológica en la rizósfera.
La flora microbiana del suelo es más abundante en las cercanías
de las raíces, por lo que los procesos similares a la biodegradación
tienen lugar a una velocidad mayor que en el resto del suelo, sin
necesidad de estimular artificialmente la actividad microbiana.
Figura
4.3.1.C.- Fito-restauración.
4.3.1.2.4
Bombeo biológico
Cuando las raíces de los árboles llegan hasta el manto friático
absorben una gran cantidad de agua. Hay una variedad de álamo (Populus
deltoides) que absorbe más de un metro cúbico de agua por día.
Esta característica de los árboles se puede utilizar para impedir
que las aguas superficiales contaminadas lleguen a los acuíferos
que se usan para suministro de agua potable, o bien para que se
prevenga que aguas contaminadas lleguen a sitios donde pudieran
causar problemas.
4.3.1.2.5
Fitovolatilización
Cuando
los árboles absorben agua contaminada con compuestos orgánicos volátiles,
eliminan la gran mayoría del COV en la evotranspiración de las hojas.
Los álamos transpiran aproximadamente el 90% del TCE que absorben.
El resultado neto de este proceso es, el que los árboles transfieren
a la atmósfera el TCE que se encuentra en el acuífero.
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