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Las
políticas oficiales, en lo referente a la disminución de los peligros
producidos por los xenobióticos peligrosos, normalmente establecen
que se debe tratar de impedir que los tóxicos se liberen en el ambiente.
Se considera que prevenir la contaminación es preferible a restaurar
medios contaminados.
El problema
principal, desde el punto de vista técnico, que enfrentan los encargados
de evitar el incremento de la peligrosidad en el ambiente, sean
estos los participantes en la producción o los encargados de aplicar
la ley, es la falta de información sobre la toxicidad de los productos
químicos. Se estima que se usan más de 80 mil substancias en las
distintas fases de la producción manufacturera industrial. Por otro
lado, la base de datos IRIS, que como ya se mencionó antes, contiene
la información sobre los índices de toxicidad validados, de únicamente
poco más de quinientas substancias. Se estudian toxicológicamente
aproximadamente 2 mil substancias por año. Así que hay una gran
brecha entre el número de substancias cuya toxicidad se conoce o
se estudia y el número de substancias en uso comercial. Para subsanar
esta deficiencia se ha estado trabajando en el desarrollo de métodos
para estimar toxicidades en base a la estructura química, habiéndose
desarrollado varios modelos computarizados.
Lo que
los actores sociales en la prevención de la contaminación necesitan
identificar es:
- cuáles substancias en uso son peligrosas y por cuáles substancias
inocuas podrían substituirlas.
- cómo se puede evitar ensuciar el ambiente
- cómo reducir el costo de evitar la contaminación ambiental,
al enfocar los esfuerzos de prevención al manejo de las substancias
verdaderamente tóxicas y no gastar tiempo y recursos al tratar
substancias inocuas como si fueran tóxicos.
Para identificar y aprovechar las oportunidades de evitar la
contaminación, se necesita contar con la información para predecir
los riesgos y diseñar estrategias que mantengan los riesgos dentro
de un nivel aceptable.
El diseño de estrategias de prevención, a diferencia de la evaluación
de riesgos de línea base, no cuenta con datos de campo para estimar
la exposición, puesto que no se ha constituido el escenario de exposición.
En este caso, se tienen que suponer niveles de emisión y simular
el transporte ambiental para estimar la exposición probable, fijando
un valor deseable para esta variable en forma muy parecida al establecimiento
de metas de remediación presentadas anteriormente. En la mayoría
de los casos, especialmente cuando se trata de productos químicos
nuevos, es necesario también estimar la toxicidad en base a modelos
de estructura/efecto.
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