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6.3.2.2
Características del DDT
En
la literatura ambiental, el término DDT se usa para referirse a
la mezcla de DDT con sus metabolitos y productos de degradación
que todavía son tóxicos, el DDE y el DDD. A la mezcla de estos tres
compuestos también se le denomina DDT total.
Es
un compuesto lipofílico muy poco soluble en agua, 3.4 ppb, y muy
soluble en disolventes no polares. Tiene un alto coeficiente de
partición octanol/agua, el logaritmo de este coeficiente es 6.19.
Los metabolitos del DDT también son muy hidrofóbicos, el logaritmo
del coeficiente de partición son 7.0 para el DDE y 6.2 para el DDD.
Debido a esta propiedad, el DDT se bioacumula en los organismos,
alcanzando concentraciones mucho mas altas que las existentes en
el medio de contacto.
Es
una substancia que es tóxica, en concentraciones muy bajas, a un
espectro muy amplio de organismos, afectando a prácticamente todos
los integrantes de la fauna silvestre.
Es
muy poco reactivo y por lo tanto permanece en el ambiente inalterado
durante períodos muy prolongados, y los productos de degradación,
tanto en el ambiente como dentro de los organismos, son también
substancias muy estables.
Las
concentraciones ambientales continúan siendo altas, aún en las regiones
cuyo uso se prohibió desde 1972. Por ejemplo, la aspersión con 0.25
Kg. de DDT/Ha para controlar las plagas en un bosque de coníferas,
produjo la muerte de las truchas que vivían en las aguas de ese
bosque, y 15 años después de su aplicación, en las áreas donde se
aplicó, se encontró DDT presente en todos los componentes del ambiente
(agua, lodos, insectos, peces y pájaros) en concentraciones más
altas que en los sitios no tratados. La concentración en las truchas,
al tiempo de la aplicación fue de 21 ppm, la cual disminuyó significativamente
en dos años, pero, de allí en adelante, se mantuvo prácticamente
constante durante más de diez años en el que se estuvo monitoriando
el sitio.
Debido
a su gran toxicidad, persistencia prolongada y bioacumulabilidad,
el DDT ya no se utiliza para combatir plagas agrícolas o domésticas,
su uso está restringido al combate de insectos vectores de enfermedades
del hombre (malaria, tifo, dengue). Se han celebrado acuerdos internacionales
para eliminar completamente su uso y se está experimentando para
substituirlo, en el combate de vectores, por otros insecticidas
menos persistentes y tóxicos para el hombre y la fauna silvestre.
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